El lunes 29 de junio, Brasil y Japón se verán las caras en los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo 2026. Para la mayoría del mundo es un partido de fútbol. Para quienes crecieron con un televisor prendido a las 6 de la tarde en los noventa, es otra cosa. Es la revancha de una deuda pendiente con la infancia.
Porque ese cruce ya ocurrió. Y Japón ganó.
La historia que todos recuerdan
Captain Tsubasa, conocido en Latinoamérica como Super Campeones, es el manga creado por Yōichi Takahashi en 1981 que convirtió el fútbol en mitología. La historia de Oliver Atom, Benji Price, Mark Lenders y el capitán Tsubasa Ozora —su nombre original— atravesó generaciones, idiomas y continentes. En el Perú de los noventa, fue el primer contacto de miles de niños con el fútbol de selecciones.
El enfrentamiento entre Japón y Brasil es uno de los episodios más recordados de la saga. La Canarinha, liderada por el imponente Carlos Santana, llegaba como favorita absoluta. Lo que siguió es historia del anime: Tsubasa, con su Drive Shot y su filosofía de que el balón es su mejor amigo, condujo a la selección japonesa hacia lo imposible. Japón ganó.
Cuarenta años después, la realidad imita al dibujo.
Por qué este partido mueve algo más que el fútbol
Hay partidos que son solo fútbol. Y hay partidos que activan algo más profundo: la memoria, la identidad, el niño que fuiste. Brasil-Japón el 29 de junio es de los segundos.
En redes sociales ya circulan los clips de la final animada, los memes de Benji Price atajando con los brazos estirados, los recortes de revista donde Oliver remata de lejos. La generación que hoy tiene entre 30 y 45 años —los padres que traen a sus hijos a Racing cada semana— está viviendo un cortocircuito entre la nostalgia y el presente que muy pocas veces ocurre en el deporte.
Ese cortocircuito se llama magia. Y el fútbol, cuando funciona bien, produce exactamente eso.
En Racing ya lo sabíamos.
No es casualidad que el mural elegido para decorar por unos años unas paredes aledañas al club fue precisamente el de Super Campeones.
Hace poco más de dos años, el artista urbano Jürgen Wieland Montoya —uno de los muralistas más interesantes de la escena limeña, nacido en 1998— pintó en las instalaciones de Racing San Luis un mural de varios metros con los personajes del anime. Oliver, Benji, Mark y Tsubasa, en azul y blanco, corriendo hacia un arco imaginario que bien podría estar en cualquier cancha del barrio.
Lo hizo junto a los chicos de nuestra academia, y tambien con chicos del barrio que ese día no solo aprendieron técnica de aerosol con el artista DORS (Heison Espinoza y con Omar Aguirre), aprendieron tambien a respetar espacios publicos y no pintar en cualquier lugar, asi como el fútbol tiene historia, que esa historia también es cultura, y que puede quedarse en una pared.
El mural los espera. Como esperó, sin saberlo, este momento.
Lo que Super Campeones enseñó que el fútbol real a veces olvida
Takahashi no era entrenador ni scout. Era un dibujante con una intuición extraordinaria: que los niños no solo quieren ver fútbol, quieren sentirlo como épica. Cada partido en Super Campeones era una guerra emocional. Cada gol tenía un nombre, una historia, un precio.
Oliver nunca fue el más rápido ni el más fuerte. Ganaba porque no se rendía y porque amaba el balón más que nadie. Esa es, en el fondo, la filosofía que intentamos transmitir en cada entrenamiento de la academia: el talento se trabaja, el carácter se forma, y el amor por el juego es lo que sostiene todo lo demás.
Carlos Santana era el rival perfecto porque era imbatible en el papel. Y sin embargo, fue derrotado.
El lunes 29, míralo con tus hijos
Si tienes entre 30 y 45 años y un hijo que está aprendiendo a jugar, el partido del lunes es una oportunidad que no se repite. Siéntate con él, cuéntale de Oliver Atom, muéstrale algún clip del anime. Explícale que el fútbol tiene décadas de historias acumuladas, y que a veces la realidad decide homenajear a los que soñaron primero.
Y si quieres, recordar el mural te dejaremos un link con las mejores imagenes de esos días. El mural ya no existe debido a unos reclamos iniciados por unos vecinos de la zona. Sin embargo, los supercampeones y racing siempre vivirán en nuestros corazones.